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cielos oscuros.

La noche ya no es tan oscura.

Texto: Diana Díaz / Ilustración: Pedro Guerrero.
¿Has volteado a ver las estrellas últimamente? La fascinación del ser humano por el Universo viene desde tiempos remotos. La relación humano-cielo se ha expresado de diferentes maneras: los chinos se dedicaron a observar el cielo y establecer el yin y el yang, las dos sustancias del Universo. Los egipcios representaban el cielo con Nut, una diosa que se extendía por todo el firmamento para cubrirlo. A través de ella, Ra (el Sol) transitaba como una balsa en un río. Los mayas son conocidos por la precisión de sus cálculos y sus predicciones astronómicas.
Y aunque todas esas civilizaciones han desaparecido, la astronomía permanece hasta nuestros días como una mezcla de cientificidad, misticismo y fascinación; haciéndonos preguntar cuál es nuestro lugar en el Universo y si estamos acompañados. Los avances tecnológicos han llevado a logros como pisar la luna, crear satélites artificiales y telescopios cada vez más precisos o enviar naves no tripuladas a explorar el cosmos que nos rodea. Pero como el yang, como toda dualidad, estos avances tienen un yin, un lado oscuro (o claro, en este caso): la contaminación lumínica. En pocas palabras, este tipo de contaminación se refiere al exceso y mal aprovechamiento de la luz nocturna artificial, que ocurre sobre todo en las grandes ciudades.
Es por eso que la Unesco declaró, desde 2007, el Derecho a los Cielos Oscuros como un derecho de las generaciones futuras. Esta declaración busca asegurar espacios sin luz para observar el cielo en todo su esplendor, pues son pocos los lugares completamente libres de contaminación lumínica en el mundo.
La importancia de este derecho no sólo tiene que ver con la astronomía y la necesidad de oscuridad en el cielo para poder observarlo y, de esta manera, explicar fenómenos celestes, buscar nuestro lugar en el universo; también radica en nuestra herencia cultural, en nuestra humanidad misma, porque, ¿has volteado al cielo últimamente a mirar las estrellas? ¿Te has dado cuenta de que no se ven? Y no es que no estén ahí, lo están y esperan ser vistas.
Tener cielos oscuros no sólo es un derecho del hombre, también de otras especies que habitan nuestro planeta: especies nocturnas como los murciélagos se han visto afectados, confundiéndose por la luz (que no debería estar) de la noche. Otras especies han alterado sus ciclos debido a este problema.
Ahora bien, es importante recalcar que este derecho no se trata de apagar por completo las luces y permanecer a oscuras, pues la luz nocturna también es necesaria para las ciudades: nos da sensación de seguridad. Lo importante entonces es enfocar bien el alumbrado público hacia donde se requiere: hacia abajo y no hacia arriba o los lados, pues además de que esa luz no es aprovechada, es la que se refleja al cielo causando la contaminación.
Asegurar este derecho no es una tarea fácil, pues implica el involucramiento de los gobiernos, científicos y la sociedad en general, lo cual pocas veces se logra conjuntar para llegar a acuerdos. Sin embargo, ¿no crees que valdría la pena hacerlo, sólo por el placer de mirar al cielo y observar las estrellas?

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